Charles Spurgeon Collection: Spurgeon - C.H. - Sermones (Sermons, True Essence of the livening): 0640 Poder del Evangelio en la Vida del Cristiano

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Charles Spurgeon Collection: Spurgeon - C.H. - Sermones (Sermons, True Essence of the livening): 0640 Poder del Evangelio en la Vida del Cristiano



TOPIC: Spurgeon - C.H. - Sermones (Sermons, True Essence of the livening) (Other Topics in this Collection)
SUBJECT: 0640 Poder del Evangelio en la Vida del Cristiano

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El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano

El Poder del Evangelio en la Vida del Cristiano



NO. 640

Un Sermón predicado en el Tabernáculo Metropolitano, Newington

por Charles Haddon Spurgeon

"Solamente procurad que vuestra conducta como ciudadanos sea digna del evangelio de Cristo." -- Filipenses 1:27

        

Sermones

La palabra "conversación" no significa simplemente hablar o platicar con otras personas, sino también comprende todo el curso de nuestra vida y de nuestro comportamiento en el mundo. La palabra griega significa las acciones y los privilegios de ciudadanía, y nosotros debemos darle forma a toda nuestra ciudadanía, a todas nuestras acciones como ciudadanos de la nueva Jerusalén, para que sean dignas del Evangelio de Cristo. Observen, queridos amigos, la diferencia entre las exhortaciones de los legalistas y las del Evangelio. Quien quiere que sean perfectos en la carne, los exhorta a trabajar para su salvación, para que puedan lograr una justicia meritoria de carácter propio, y así ser aceptados por Dios. Pero quien es enseñado en las doctrinas de la gracia, los exhorta a la santidad por una razón completamente diferente. Él cree que ustedes son salvos, puesto que ustedes creen en el Señor Jesucristo, y les habla a todos lo que son salvos en Jesús, y luego les pide que hagan que sus acciones se conformen a su posición; sólo busca lo que razonablemente espera recibir: "Solamente procurad que vuestra conducta como ciudadanos sea digna del evangelio de Cristo. Ustedes han sido salvados por ese Evangelio; ustedes aseguran gloriarse en él, deseando difundirlo; procurad entonces que vuestra conducta sea digna de ese evangelio." Ustedes se dan cuenta que uno los invita a trabajar para entrar al cielo por medio de sus obras; el otro los exhorta a laborar porque el cielo es de ustedes como un don de la gracia divina, y quiere que actúen como alguien digno de participar de la herencia de los santos en la luz.



Algunas personas no pueden oír una exhortación sin exclamar de inmediato que somos legalistas. Tales personas siempre van a encontrar que este Tabernáculo no es el lugar conveniente para que ellos puedan alimentarse. Nos encanta predicar la buena doctrina de la gracia soberana, y nos gusta insistir en que la salvación es solamente por gracia; pero nos encanta igualmente predicar acerca de la práctica estricta e insistir en ella. Decimos que esa gracia que no hace a un hombre mejor que sus vecinos, es una gracia que nunca lo llevará al cielo, ni lo hará aceptable ante Dios.



Ya he señalado que la exhortación es dada en una forma que es altamente razonable. Los seguidores de cualquier otra religión, como regla, son conformados a su religión. Ninguna nación se ha elevado todavía por encima de sus llamados dioses. Vean a los discípulos de Venus, ¿acaso no estaban hundidos en lo profundo del libertinaje? Miren a los adoradores de Baco; permitan que las fiestas bacanales les revelen cómo habían entrado en el carácter de su deidad. Todavía en nuestro días los adoradores de la diosa Kalé (la diosa de los ladrones y de los asesinos) - que son los miembros de una secta de asesinos fanáticos de la India - se entregan completamente al espíritu del ídolo que ellos adoran. No nos sorprendemos de los crímenes de las personas de otros tiempos cuando recordamos a los dioses que ellos adoraban; Moloc, que se deleitaba con la sangre de los niños; Júpiter, Mercurio, y todos los dioses similares, cuyas acciones almacenadas en el diccionario clásico son suficientes para contaminar las mentes de la juventud. No nos sorprende que el libertinaje haya abundado, pues "como son sus dioses-así es la gente:" "un pueblo nunca es superior a su religión," se ha dicho a menudo, y en la mayoría de los casos ese pueblo es peor. Es estrictamente natural que la religión de un hombre ponga el condimento de su conversación. Pablo dice a todos los que profesan ser salvos por Jesucristo; "Solamente procurad que vuestra conducta como ciudadanos sea digna del evangelio de Cristo."



Para llegar a ese punto debemos meditar durante dos o tres minutos acerca de qué es el Evangelio, luego ver los puntos en que nuestra conversación debe ser evangélica; y finalmente, decir unas pocas palabras sinceras para recordar aquí a quienes profesan la religión, la imperiosa necesidad de que su conversación sea digna del Evangelio de Cristo.



I. "¡EL EVANGELIO DE CRISTO!" ¿QUÉ ES? Nos concentramos en las dos últimas palabras, "de Cristo." Con seguridad, si ustedes entienden a Cristo, entonces entienden el Evangelio. Cristo es su autor; Él, en la sala del consejo de la eternidad propuso convertirse en la garantía del pobre hombre caído; Él, en el cumplimiento de los tiempos, llevó a cabo la redención eterna para todos aquellos que Su Padre le había dado. Él es su autor como su arquitecto y como su constructor. Vemos en Cristo Jesús al Alfa y la Omega del Evangelio. Él ha provisto del tesoro de Su gracia todo lo necesario para hacer que el Evangelio sea el Evangelio de nuestra salvación. Y así como Él es su autor, Él es su contenido. Es imposible predicar el Evangelio sin predicar la persona, la obra, los oficios, y el carácter de Cristo. Si se predica a Cristo entonces el Evangelio es promulgado, y si se pone a Cristo en segundo plano, entonces ningún Evangelio es declarado. "Porque me propuse no saber nada entre vosotros," dijo el apóstol, "sino a Jesucristo, y a él crucificado," y al decir esto, estaba llevando a cabo su comisión de predicar el Evangelio tanto a los judíos como a los gentiles. El compendio, la médula, el meollo; lo que los antiguos puritanos llamaban la quintaesencia del Evangelio es: Cristo Jesús; así que cuando terminamos de predicar el Evangelio podemos decir: "el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote," y podemos verlo y referirnos a Él en el pesebre, en la cruz, en Su resurrección, Su segunda venida, Él, que reina como príncipe de los reyes de la tierra, sí, apuntar a Él en todas partes, como la suma total del Evangelio.



También es llamado "el Evangelio de Cristo," porque Él es quien lo completará; Él dará el toque final a la obra, así como fue Él quien puso los cimientos. El creyente no comienza en Cristo y luego busca la perfección por sí solo. No, conforme corremos la carrera celestial, estamos todavía mirando a Jesús. Como su mano arrancó al principio el pecado que tan fácilmente nos asedia, y nos ayudó a correr la carrera con paciencia, así esa misma mano sostendrá la rama de olivo de la victoria, que luego formará parte de la guirnalda de gloria que pondrá alrededor de nuestra frente.



Es el Evangelio de Jesucristo: es Su propiedad; da gloria a Su persona, es dulce con el sabor de Su nombre. Por todos lados muestra las huellas de Sus dedos artísticos. Si los cielos son la obra de los dedos de Dios, y la luna y las estrellas existen por su mandato, lo mismo podemos decir de todo Su plan de salvación. Absolutamente todo él ¡gran Jesús! es tu obra, y por tu mandato se mantiene firme.



Pero también es "el Evangelio de Jesucristo," y aunque esto ha sido explicado cientos de veces, no estará fuera de lugar hacerlo de nuevo. Son "las buenas noticias" "el buen tiempo" de Jesucristo, y son enfáticamente "buenas noticias" porque limpia el pecado, el peor pecado sobre la tierra. ¡Mejor aún, barre con la muerte y el infierno! Cristo vino al mundo para llevarse sobre sus hombros al pecado muy lejos, y lanzarlo al mar rojo de su sangre de la expiación. Cristo, el chivo expiatorio, tomó el pecado de su pueblo sobre su cabeza y lo llevó lejos al desierto del olvido, donde, si fuera buscado nunca podría ser encontrado. Estas son "buenas noticias," porque afirma que el cáncer que carcome los puntos vitales de la humanidad ha sido curado; que la lepra que ha cubierto aún al propio rostro de la humanidad has sido suprimida; Cristo ha preparado un torrente mejor que el río Jordán, y dice ahora a los hijos de los hombres, "Vé, lávate, y serás limpio."



Además de eliminar el peor de los males, el Evangelio es "buenas noticias," porque trae consigo la mejor de las bendiciones. ¿Qué es lo que hace sino dar vida a los muertos? Abre labios que son mudos, oídos que son sordos, y quita el sello de ojos que están ciegos. ¿Acaso no hace de la tierra la morada de la paz? ¿No ha cerrado las puertas del infierno para los creyentes, y no ha abierto las puertas del cielo a todos aquellos que han aprendido a confiar en el nombre de Jesús? "¡Buenas noticias!" Esa palabra "buenas" tiene un doble significado cuando se aplica al Evangelio de Jesucristo. No podían tener mejor ocupación los ángeles cuando fueron y lo anunciaron, y dichosos los hombres que se dedican y se desgastan en la proclamación de tan buenas noticias de gran gozo. "¡Dios es reconciliado!" "¡En la tierra paz!" "¡Gloria a Dios en las alturas!" "¡Paz entre los hombres de buena voluntad!" Dios es glorificado en la salvación, los pecadores son librados de la ira venidera, y el infierno no recibe las multitudes de hombres, sino por el contrario el cielo se llena de una muchedumbre incontable de redimidos por la sangre.



Son "buenas nuevas" también, porque es algo que no pudo ser inventado por el intelecto humano. ¡Fueron buenas noticias para los ángeles! No han cesado todavía de maravillarse por eso, todavía están allí mirando al propiciatorio, y deseando saber más acerca de él. Serán noticias en la eternidad; estaremos:



"Cantando con arrobamiento y sorpresa,

Su misericordia en los cielos."



Las "buenas noticias" dichas sencillamente en pocas palabras, son justamente estas "que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus transgresiones." "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna." "Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores." Suficiente, pues, en cuanto al tema de ¿qué es el Evangelio?



II. Ahora no voy a hablarles a quienes no le dan la bienvenida al Evangelio. Les hablaré en otro momento; ruego a Dios que les ayude a creerlo: pero tengo que hablar en especial a los creyentes. El texto dice que debemos HACER QUE NUESTRA CONVERSACIÓN SEA DIGNA DEL EVANGELIO.



¿Entonces qué tipo de conversación debemos tener? En primer lugar el Evangelio es muy sencillo; no tiene adornos; no está saturado de ornamentos engañosos. Es sencillo: "Ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría;" es grandemente sublime en su sencillez. Que así sea el cristiano. No es conveniente que el ministro cristiano se vista de azul y grana, y lino fino, y vestimentas ceremoniales, y sotanas, pues todo pertenece al Anticristo, y son descritos en el libro de Apocalipsis como las marcas ciertas de la ramera de Babilonia. No le conviene al hombre cristiano o a la mujer cristiana ser culpable de pasar horas y horas en el adorno de sus personas. Nuestro ornamento debe ser: "no el exterior, sino que sea la persona interior del corazón, en lo incorruptible de un espíritu tierno y tranquilo." Nuestras maneras, nuestro hablar, nuestra forma de vestir, todo nuestro comportamiento deben tener esa sencillez que es verdaderamente el alma de la belleza. Esos que se esfuerzan por hacerse admirables en su apariencia por medio de ornamentos engañosos, se extravían en el camino; la belleza se adorna a sí misma, y "está mejor adornada cuando no tiene ningún adorno."



El hombre cristiano debe ser sencillo en todos los aspectos. Pienso que dondequiera que encuentres uno, deberías saber de inmediato que es cristiano. No debería ser como esos libros que no puedes entender a menos que alguien te explique todas esas palabras difíciles. El cristiano debe ser un hombre transparente como Natanael: "un verdadero israelita, en quien no hay engaño." El hombre que entiende el espíritu de su Señor es, como Cristo, un niño-hombre, un hombre-niño. Saben ustedes que lo llamaban "ese santo niño Jesús;" así debe ser nuestro comportamiento, recordando que "si no os volvéis y os hacéis como los niños," que son eminentemente sencillos y sin complicaciones, no podremos entrar al reino de los cielos.



A continuación, si queremos que nuestra conversación sea digna del Evangelio, debemos recordar que el Evangelio es pre-eminentemente verdadero. No hay nada en el Evangelio que sea falso, ninguna mezcla, nada agregado como un argumento para el hombre, para captar el interés popular; dice la verdad, la verdad desnuda, y si a los hombres no les gusta, el Evangelio no puede evitarlo, pero dice la verdad. Es oro libre de impurezas; agua pura sin mezcla. Así debe ser el cristiano. Debe hacer que su conversación sea verdadera. Los santos son hombres de honor, pero a veces, hermanos, pienso que muchos de nosotros hablamos demasiado para decir simplemente la verdad. No sé cómo puede la gente sacar cada mañana gruesos periódicos con tantas noticias, como si todo fuera verdad; supongo que deben incluir un poco de relleno para completar el tiraje, y mucho de ese relleno es de un material muy pobre. Y la gente que habla y habla y habla, no puede moler todo el grano; seguramente debe ser, al menos en parte, afrecho ordinario. Y en la conversación de un buen número de cristianos que profesan, cuánto no hay de escándalo, para no mencionar la difamación, expresada en contra de otros cristianos. Cuánta falta de caridad, cuánta falsedad voluntaria es expresada por gente que profesa el cristianismo; porque a menudo a la reprensión recibida no se le presta la suficiente atención, y luego se repite de manera descuidada sin importar si la repetición es verdadera o no.



Los labios del cristiano deben conservar la verdad cuando la falsedad se derrama de los labios de todos los demás hombres. Un cristiano no necesita hacer un juramento nunca, porque su palabra es tan buena como un juramento; su "sí" debe ser "sí"; y su "no, no." Debe vivir y hablar de tal manera que tenga muy buena reputación en toda la sociedad; no tanto por la suavidad de sus maneras, como por la veracidad de sus expresiones. Muéstrenme a un hombre que sea un mentiroso habitual o frecuente, y me estarán mostrando a un hombre que tendrá su porción en el lago hirviendo de fuego y azufre. No me importa a cuál denominación cristiana pueda pertenecer, si un hombre dice lo que no es, estoy seguro que no pertenece a Cristo; y es muy triste saber que en todos los grupos hay algunos que tienen esta grave falta deplorable, que no se puede confiar en lo que dicen. ¡Que Dios nos libre de eso! Nuestra conversación debe ser digna del Evangelio de Cristo, y entonces invariablemente será verdadera; o, si hay algún error en ella, será a causa de un error involuntario y nunca como consecuencia de un propósito o de un descuido.



A continuación, el Evangelio de Jesucristo es un Evangelio valiente. Es completamente lo contrario de esa cosa bonita llamada "caridad moderna." El último demonio creado es la "caridad moderna." La "caridad moderna" pasa a nuestro alrededor con su sombrero en la mano, y dice: "Ustedes están bien, todos ustedes están bien. Ya no discutan más; el Sectarismo es una cosa horrible, ¡desháganse de él, desháganse de él!" y así trata de inducir a todo tipo de personas a